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Arte del día · 16 de septiembre de 2026

El jardín de lirios de Horikiri

Los visitantes más pequeños del jardín quedan detrás de las flores más grandes.

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Grandes lirios azules y blancos llenan el primer plano mientras los visitantes recorren el jardín en la distancia
Artista
Utagawa Hiroshige
Fecha
1857
Técnica
Xilografía policromada
Serie
Cien vistas famosas de Edo

Una flor se convierte en arquitectura

Tres tallos en primer plano dividen la hoja vertical. Sus pétalos se superponen a la vista y se elevan por encima del horizonte, de modo que el macizo de lirios parece tan alto como una arboleda. Hiroshige recurría a menudo a este agrandamiento del objeto en primer plano, pero aquí el recurso resulta especialmente certero: la flor no decora el lugar célebre, la flor es el lugar.

Un destino de temporada

Horikiri se encontraba al noreste del centro de Edo y era célebre por sus lirios cultivados. Los visitantes paseaban entre macizos cruzados por senderos estrechos, tal como se los ve en la distancia media. Sus sombreros y túnicas crean un segundo ritmo, más pequeño, bajo los pétalos azules, violetas y blancos.

Color compuesto, variedad observada

Las distintas tiradas pueden variar entre sí, ya que los impresores ajustaban los pigmentos y los tacos de madera se desgastaban con el uso. Aun así, la composición depende de una alternancia controlada entre flores de color y hojas verdes. Hiroshige combina precisión botánica e invención gráfica, dejando que las formas planas del grabado produzcan la sensación de mirar a través de un jardín denso y vivo.

Un jardín visto a la altura de las flores

Los lirios más cercanos se alzan tanto que interrumpen el paisaje que se extiende detrás. Sus tallos forman una pantalla tras la cual hay que buscar a los visitantes lejanos, invirtiendo la jerarquía habitual entre las personas y las plantas ornamentales. El encuadre de Hiroshige sitúa al espectador cerca del suelo húmedo, donde pueden compararse capullos cerrados y flores abiertas antes de que la mirada alcance el campo más amplio.

El color distingue tanto las etapas de la floración como las distintas variedades. Formas de azul intenso, violeta pálido y blanco se alternan sobre las hojas verdes, mientras toques de amarillo marcan sus centros. El grabado no necesita catalogar cada variedad para sugerir abundancia: su placer nace de la repetición con diferencia, ya que no hay dos siluetas colocadas exactamente igual, aunque juntas hacen que el jardín parezca continuar más allá de la hoja.

Fuentes y lecturas adicionales