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Arte del día · 26 de septiembre de 2026

Ofelia

Casi todas las flores que rodean a Ofelia tienen algo que decir.

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Ofelia flota boca arriba en un río de un verde intenso, rodeada de flores y plantas minuciosamente detalladas
Artista
John Everett Millais
Fecha
1851-52
Técnica
Óleo sobre lienzo
Colección
Tate Britain

Una tragedia suspendida antes de su final

En el Hamlet de Shakespeare, la reina Gertrudis describe a Ofelia cantando mientras sus ropas empapadas la arrastran hacia el fondo. Millais elige justamente ese instante intermedio: la boca aún entreabierta, las flores que se le escapan de la mano, el vestido que todavía la sostiene a flote. La pose es lo bastante serena para resultar hermosa y lo bastante inestable para seguir siendo inquietante.

Una ribera pintada hoja a hoja

Millais trabajó a orillas del río Hogsmill, en Surrey, pintando la vegetación al aire libre con la precisión prerrafaelita. Se quejó de los insectos, del clima y de las jornadas interminables, pero el resultado da a cada junco y a cada flor una presencia estudiada desde la observación directa. La naturaleza no es aquí un telón de fondo impreciso: su abundancia indiferente intensifica la historia humana.

Flores del texto y de la invención

El sauce, las ortigas, las margaritas y la guirnalda siguen de cerca la descripción de Shakespeare. Millais añadió otras plantas de carga simbólica, entre ellas la amapola roja, asociada al sueño y a la muerte. Identificar cada especie enriquece la lectura del cuadro, pero las flores son algo más que un acertijo: su vitalidad intensa, su color y su variedad chocan contra la conciencia que se apaga en Ofelia.

Las flores cuentan más de una historia

Millais pintó la ribera al aire libre con una atención extraordinaria y luego añadió la figura en el estudio. Es posible identificar cada planta, y muchas de ellas se asocian con el amor, el recuerdo, la inocencia o la muerte. Pero también son especies que crecen juntas en un lugar húmedo muy concreto. El símbolo y la observación botánica se refuerzan mutuamente, en lugar de pertenecer a mundos separados.

La pose de Ofelia mantiene la crisis en suspenso. El vestido se despliega y aún la sostiene, las palmas de las manos permanecen abiertas y el rostro parece extrañamente sereno. Shakespeare describe el instante anterior a que la ropa empapada la hunda, lo que permite a Millais pintar a la vez la flotación y el ahogo. La corriente es lo bastante hermosa como para retrasar esa lectura; en cuanto el agua oscura y el peso de la tela se hacen evidentes, esa belleza pasa a formar parte de la inquietud.

Fuentes y lecturas adicionales